2. Suministros ®

 

Cansado del porno rancio, la hipersexualidad, los empalmes televisivos, las noticias sobre pederastia fundamentadas posteriormente por populares programas de talentos infantiles, pantalones cortos insinuando unas nalgas firmes y jóvenes, coquetería seductora inocentemente lasciva y sexual. Las comidas de los grandes almacenes, los estantes repletos de artículos, primera y segunda necesidad, la zona de congelados, pasillo cuarto a la derecha; ensaladas de benzoato de sodio, junto al tumor intestinal.
La carne de todo tipo de animal en largos pasillos de hasta tres kilómetros de largo para los cuales necesitas alquilar un vehículo de tres marchas, el paseo es apasionante, largas vitrinas de incontables metros de altura repletas de animales expresamente asesinados para el consumo; pato, cerdo, gansos, serpientes, lagartijas, fetos humanos, cucarachas..todo está allí.
Un viejo de ojos marinos me pregunta babeante mientras sujeta un largo sonotone “perdona, perdona, joven dependiente, ¿dónde puedo encontrar mi glutamato monosódico en botellas de dos litros?.” “disculpe pero yo no trabajo aquí” contesto evasivo ante su parálisis enfisémica que le deja pasmado en el mismo lugar durante varias horas rompiendo su rocosidad mimética unicamente para gritar cada cierto tiempo que echa de menos a sus nietos. Todos echamos a alguien de menos, a mi me ocurre a veces conmigo mismo.
Hay carros llenos hasta los topes con bolsas de todos los tamaños y colores, todas atractivas y repletas de pseudo nutrientes de laboratorio listas para aguantar milenios sin caducar, mi carrito solo lleva un par de latas de sardinas, papel higiénico, jabón, velas y cerillos de palo largo (lo necesario para sobrevivir en mi viaje espacial). Semáforo.
Una estampida de carritos y compradores enfervorizados cruzan de izquierda a derecha en los diez segundos que dura su semáforo en verde “puede pasar”, espero, espero, espero, de nuevo en verde para los conductores de este carríl.
El silbido oxidado de las ruedas presiden el pasillo principal, a mi lado una madura cuarentona camina empujando su máquina al mismo pié sincopado que el mío, encima de la cesta metálica está su niñita, doce años, mallas con flores estampadas, camiseta de sport apretada marcando sus virginales pero ya apreciables senos, mordiendo suavemente una zanahoria transgénica y lanzándome guiños, le respondo convenientemente en su idioma de pestañas que suben y bajan, su madre observa todo el numerito con nerviosismo impotente y frena su carro, dejándose atropellar por la carrera de vehículos y perdiéndose en la sección de perfumería.
Una reacción inquietante la de esa mujer, un flash me abarca el lóbulo bajo de las pelotas y me recuerda la histeria colectiva creada por el pederasta de Maldevrías, nuevo enemigo público de Espuajña publicitado y llevado a la fama gracias a los noticiarios televisivos que lo han tachado de monstruo y enemigo de la nación, nadie se fija en los nuevos casos de corrupción desvelados estos días, el verdadero peligro social es El Pederasta de Maldevrías y no Jordi Pujol.
Padres y madres de cada pueblo y región del país que antes abandonaban e ignoraban las necesidades sentimentales de los pequeños parecen estar ahora más preocupados que nunca por la integridad de sus niños y niñas, muestra de que este ejercicio de amor como padres se ha convertido en una moda que acabará en el momento en que capturen al terrible criminal desvirgador de orificios, el “famoso” pederasta como lo llama Piqueras en las noticias referidas a él.

“Famoso”

“El show acabó señoras y señores, nunca han necesitado carnet de paternidad así que sigan maleducando a sus hijos mientras nosotros les educamos a ustedes. Abrid bien las fosas nasales, esnifad la vida que aquí os ofrecemos, la violencia de género es ley de vida, el ozono se resquebraja pero no hay salvación, no traten de cambiar nada, no cambiará hasta que nosotros lo deseemos”

El mundo sería un paraíso perfecto si en lugar de promover la violencia, la desigualdad, el miedo al extraño, la burla a la cultura ajena y la nuestra propia la televisión decidiera promocionar hasta la saciedad la ayuda al prójimo y la solidaridad, al menos el lavado de cerebro tendría una finalidad positiva y no simple desconexión y reconexión neuronal para enbrutecer a la especie. Semáforo en rojo.
Unas marujas a mi lado hablan sobre el aborto de Chavelita ( Me avergüenzo de mi mismo, ¿cómo me puede si quiera sonar el nombre de esa zorra inútil?)
– Jorge Javier la golpeó con una larga estaca de madera en su enorme barriga de embarazada.- dice una de las viejas
– ¿no me digas?
– Empezó a empujar allí mismo, en directo, gritando tumbada sobre un charco de sangre y cuajos.
– ¡fascinante!
– La pobre dio a luz en los sofás de plató, el bebé solo tenía cinco meses y no estaba del todo formado, así que uno de los redactores le alcanzó un cubo de basura a jorge javier para que se deshiciera del crío, ¡y qué feo era, nena, horrible, igualito a la madre!
– ¡Qué me estas contando!
– Lo que oyes nena, fue el mejor día de mi vida.

VerdeVerdeVerdeVerde deseo con todas las fuerzas de mi cuerpo depresivo y hostil que el maldito semáforo se torne en verde…¡Premio!

Me dirijo raudo como una centella metanfetamínica hasta la sección de helados abriendo todos las refrigeradoras de compresión fría en busca de mi helado favorito; frambuesa. Varias tarrinas yacen al fondo camufladas por la bruma de los menos cero grados centígrados, alargo las dos manos que se rasgan por el hielo ardiente y agarro cuantas tarrinas de helado puedo alcanzar, suspiro aliviado al devolver mis dedos a su temperatura típica ambiental de 47 grados.
Aquí en esta etiqueta reza; “helado de frambuesa 166 euros” (los cuales no tengo), coloco los tarros de plástico glaciar sobre la tapa cerrada del congelador y los destapo uno a uno, emergiendo de ellos fluidos nebulosos de alginatos morados los cuales soplo y desaparecen de inmediato. Observo a la izquierda, a la derecha, y aprovechando que ningún guarda de seguridad se encuentra acechando doy profundas paladas con la mano en forma de cuchara, llevándome las bolas irregulares de helado hasta los bolsillos de mi pantalón, una palada, dos, una tercera hasta que el bolsillo colapsado de pobreza y pelusas rezuma frescor de frutas del bosque, me vuelvo a enganchar de mi carro y arranco dirección cabina de sustracción y pago.
Una cola incontable de quadrapís al cubo ocupa desde la caja registradora hasta varios kilómetros fuera de los grandes almacenes, después de sexapís minutos caminando con la compra y helado en los bolsillos ocupo mi lugar en la cola junto a una fábrica de colchones a las afueras de Ciudad Cloaca.
Llevo horas sin tomar mi medicación, guardar las composturas y un mínimo de autocontrol emocional depende de la rapidez con la que reciba mi próxima dosis, soy una persona precavida (o un adicto en desintoxicación) que pretende engañar a cuantos se le crucen por delante con falsas justificaciones entre paréntesis, querido interlocutor, estoy aquí para contar mi historia, no para que usted la malinterprete con sus dogmas y tabúes sociales, cappicci?
Saco una de las pipetas opacas y rompo la punta de cristal, arrimo el orificio cortante hasta las fosas nasales dando largos sorbos sulfatados que erizan el vello de la nuca y derriten las cuencas oculares, podría mearme del gusto pero mantengo la crema de frambuesas fría.
Hay una chica que mira el reguero morado que me resbala por los pantalones trepando su mirada incrédula desde el suelo a mis tobillos, las piernas, las rodillas y finalmente mi pija, hace el mismo recorrido una y otra vez hasta que me mira a la cara y le correspondo con un gentil y lascivo guiño de ojo, la chica vuelve la mirada al frente completamente ruborizada.
– Si no quieres helado, ¿para qué miras?
Su silencio lo dice todo.
A veces me gustaría ser menos visceral y extraño para el ojo humano pero qué puedo hacer al respecto, no hago nada de esto aposta señor juez, se lo juro por los hijos raritos e invertebrados que tendré en el futuro, una estirpe de escarabajos picudos rojos criada a petición de nadie y por la que daré cada uno de mis salarios, cada minuto de mi tiempo libre, cada pipeta de sulfato de anfetamina para que nuestra sangre indeseable se manifieste perenne al paso del tiempo, sobreviviendo, metamorfoseando, reproduciéndose a escondidas donde nadie pueda molestarnos, muriendo y naciendo de nuevo. Soy culpable, siempre lo seré, así que ya puede ir encerrándome en una celda envenenando mi sistema nervioso para que mi exoesqueleto se pudra. Te lo exijo juez hijo de puta, de lo contrario arráncame la cabeza aquí ahora mismo, aunque le advierto de que la plaga es imparable y no existen suficientes guillotinas en este minúsculo planeta absurdo ni beauveria bassiana que consiga frenar lo que se os viene encima.
Enterrar la bomba en el váter de caballeros del congreso y esperar a que alguien se siente a cagar para detonarla.
Volcar un sobre de matarratas en una cena de empresa de Endesa.
Robar de una sala de maternidad al primogénito de los Aznar y tirarlo en un contenedor a las puertas del hospital.
Sonrío estúpidamente y todos los bichos y animales del mundo lo hacen conmigo.

Para cuando quiero acordar ya estoy en la caja colocando mis artículos en la cinta negra pegajosa, Gabriela (según pone en su etiqueta colgada con imperdible sobre el uniforme) va pasando mis artículos mientras yo los guardo cuidadosamente en un bolsa de plástico que ella misma me facilita.
– Pagaré en metálico
– ¿Sabe que ahora puede pagar con sangre?
– ¿Con sangre, qué quiere decir?
– Si quiere puede pagar con sangre, o algún órgano, si lo desea pase a quirófano.
– En metálico, en metálico, hágame el favor
Me cobra los 4,95 con una cara agria que se transforma en mofeta lentamente ante la pasividad de todos, debe de ser a causa del estrés de trabajar 39 horas al día o quizá por alguna grave enfermedad cutánea que transforma a las dependientas en mofetas cada vez que un cliente no les sigue el rollo que las han enseñado a repetir como urracas descerebradas..promoción de empresa o marketing lo llaman.
Sea como sea estoy sin blanca, pero preparado de suministros y fuerza mental para afrontar mi viaje a través de las mareas espaciales lejos del planeta tierra.

@SerieBaaah S.b.

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